Palillos

La exótica historia del palillo mondadientes

El palillo mondadientes es uno de esos instrumentos injustamente ninguneados a pesar de sus múltiples funciones. Y eso que hay palillos planos o redondos, más largos o más finos, de madera o plástico, con sujeción… a gusto del consumidor y sus necesidades.

Aunque en nuestro imaginario colectivo imaginamos al típico caballero en la barra de bar criticando con un palillo de dientes en su comisura, al margen de para la higiene dental, también constituye una fantástica herramienta para coger aceitunas, patatas bravas, calamares, extraer caracoles… ya que como es de usar y tirar, además de cómodo es higiénico.

Otrora fueron eternos en las tascas y bares que inundan nuestro país, pero ahora han ido quedando relegados en un segundo plano en detrimento de otros elementos más cool.

Pero insistimos, la del palillo es una historia con solera. De hecho, su existencia data de finales del siglo XIX, cuando el palillo pasó de las selvas de Brasil a los mejores restaurantes de todo el mundo.Se dice que fue un estadounidense llamado Charles Forster el que se encontró con un palillo por vez primera en Sudamérica.

Al parecer, los nativos de la selva tallaban astillas de madera para retirar restos de comida. El propio Forster se sorprendió por el buen estado de su dentadura y se llevó varias cajas con él. La idea de su exportación planetaria recayó en unos estudiantes de la prestigiosa universidad de Harvard.

Los palillos fueron acogidos con sorpresa y éxito, con lo cual, Forster decidió dejar la producción rudimentaria del tallado manual y construyó una máquina para producirlos. Así que la primera planta productora de palillos se encuentra en Oxford Country, en Maine.

Siglo y medio después, los palillos siguen siendo los mismos en esencia, pero la tecnología de producción se ha sofisticado y se ha incorporado un útil envoltorio para seguir ofreciendo calidad e higiene al máximo. Y como bien sabes, puedes conseguirlos en Drolimsa.